Los dolores de origen articular, muscular o inflamatorio son cuadros patológicos frecuentes en la sociedad actual. En este sentido, algunos datos que pueden sensibilizarnos como por ejemplo los aportados por el Center of Diseases Control and prevention (CDC) americano, donde bien de forma crónica (durante más de 3 meses con dolores moderados) o severa (dolores superiores a 7/10) la aparición de estos cuadros aumenta los riesgos de incapacidad, depresión, estrés y la aparición de comorbilidades asociadas como las enfermedades metabólicas, muy ligadas a la pérdida de capacidad funcional.

De hecho, en el caso de la osteoartritis la prevalencia actual se cifra de forma sintomática en un 10-13% de la población estadounidense superior a los 60 años con un diagnóstico firme, algo que puede aumentar de forma notable en un futuro con una población cada vez más envejecida, más degenerada funcionalmente y más sedentaria (Zhang & Jordan, 2010).

De hecho, el dolor crónico es uno de los grandes retos para el desarrollo de la salud integral de las personas, ya que este afecta a cifras de entre un 10 y un 50% de muchas poblaciones, como es el caso de Reino Unido, donde cerca de un 15% de estos pacientes sufren grados severos de discapacidad en consecuencia (Mills, Nicolson & Smith, 2019).

Representación gráfica de la osteoartritis

Ilustración 1: Representación gráfica de la osteoartritis (Gregoy & Fellner, 2014).

Además, de esto, no debemos olvidar que, aunque una situación de degeneración de un tejido no debe implicar dolor necesariamente, en muchos casos las malas praxis en la gestión de las cargas de entrenamiento, la aparición de estados inflamatorios mantenidos en el tiempo y la generación de un desgaste sin capacidad de recuperación por todo lo citado anteriormente puede ser una problemática importante. 

Por tanto, bien por las características del deporte competitivo que a menudo exige superar las capacidades de regeneración del propio organismo, así como por la población general en caso de sufrir de estas dolencias, puede ser interesante la correcta aplicación de estrategias concretas:

  • Si no entrenas, comienza a entrenar con la supervisión adecuada y con el correcto control de la carga de entrenamiento.
  • Elimina banderas rojas acudiendo a un profesional sanitario que descarte su aparición. Estas pueden implicar condiciones de carácter autoinmune, circulatorias… las cuales son de mayor gravedad y con necesidad de una atención más especializada.
  • Delimita una correcta nutrición y un correcto descanso, ya que de forma directa o indirecta afectará al estado de alerta y las respuestas nociceptivas del organismo.

Una vez valorado todo ello, por fin podemos entrar en el fin último de este artículo, el cual es hablar de qué suplementos podrían ayudarnos a mejorar la aparición de estos cuadros complejos en cuanto a degeneración, malestar, dolor, incapacidad y sintomatología se refiere.

Productos para la salud articular

En primer lugar, debemos tener en cuenta que gran parte de estos suplementos que buscan mejorar estos parámetros, comúnmente se centran en la mejora de las articulaciones, concretamente basándose en los trabajos relacionados con la mejora de la osteoartritis.

La osteoartritirs es una condición a menudo caracterizada por factores genéticos y ambientales (como por ejemplo el sobrepeso), lesiones traumáticas previas… con cuadros de degeneración cartilaginosa y fricción dentro de las propias articulaciones, acompañada de crepitación y en gran medida de incapacidad (siendo la 11ª causa más habitual en el mundo).

En este sentido, cerca de un 70% de los pacientes diagnosticados con alguna de las patologías mencionadas, acuden al consumo de suplementos como ayuda ante la sintomatología (Liu et al., 2018), concretamente siendo estos de carácter regenerativo o antiinflamatorio, intentando simular de esta forma los tratamientos farmacológicos de primera línea como los AINEs.

Sin embargo, a pesar de que algunos principios activos pueden ser útiles en el manejo de estas condiciones, a menudo en el mercado nos aparecen varias problemáticas:

  • Las dosificaciones de estos productos se encuentran muy por debajo respecto a las que han demostrado beneficios potenciales en el manejo de los síntomas.
  • La elección de materias no se corresponde con los principios activos que muestran su efecto principal, lo que en consecuencia supone que el producto consumido no se vincule a los estudiados por la literatura científica actual.
  • Las sintomatologías de los sujetos estudiados, así como el tipo de medición y la duración del tratamiento suele ser muy variable.

A continuación, realizaremos un análisis de varios principios activos con potenciales efectos positivos:

Glucosamina y condroitina:

En primer lugar, la glucosamina es un amino-azúcar natural con efecto glicosilante, con supuesto efecto antiinflamatorio, antiproteolítico y estimulador de la síntesis de proteoglicanos, importantes en la estructura de la matriz extracelular.

Por otro lado, la condroitina es un glicoaminoglicano con una importante función estructural sobre el cartílago y la resistencia a la compresión.

A menudo, estos suplementos se combinan debido a su potencial sinérgico sobre la producción de citoquinas inflamatorias (Simental et al.,2018), siendo incluidos por la Sociedad Europea de manejo Clínico y Económico de la Osteoartritis y Osteoporosis (ESCEO) como tratamiento conjunto habitual.

Respecto a estos suplementos, ambos parecen tener una tendencia superior al placebo según la investigación actual, sin embargo, la determinación de parámetros concretos es diversa. De hecho, los efectos de ambos productos de forma aislada o conjunta y su comparación se encuentran con resultados dispares actualmente, aunque con un efecto significativo sobre las manifestaciones de dolor y malestar (Simental et al., 2018).

Sin embargo, si utilizamos hallazgos basados en pruebas de imagen, un estudio aleatorizado-controlado, de 3 años de duración si observó mejoras estructurales con la inclusión de 1500 mg de sulfato de glucosamina diarios, ayudando a frenar la degeneración cartilaginosa en la rodilla (Pavelká et al., 2002), lo que nos plantea la duda de la duración de la mayor parte de trabajos expuestos en la literatura científica actualmente y de sus dosificaciones, ya que en muchos casos, ambas suelen ser bastante inferiores y en los trabajos de mayor duración aunque existe controversia, si está reportada la tendencia a la mejora respecto al grupo control.

Respecto a la condroitina, los resultados en progresión de la degeneración cartilaginosa mediante pruebas de imagen (entre ellas la resonancia magnética) es variable. De esta forma, el sulfato de condroitina cuenta con reportes de mejoras de hasta un 7% de la reducción en la degeneración del cartílago tras 12 meses de intervención, aunque se han encontrado hallazgos positivos en pruebas de imagen con duraciones inferiores a los 6 meses con dosis de al menos 800 mg diarios (Wildi et al., 2011; Michel et al., 2005; Uebelhart et al., 1998).

Teniendo todo lo anterior en cuenta, ambos productos pueden tener un efecto positivo, a pesar de que la evidencia científica actual es dispar. No obstante, actualmente se encuentran reportados en la literatura científica mejoras tanto en la progresión de los síntomas (con mejoras en las escalas de dolor y degeneración WOMAC y VAS), como en el estado estructural cartilaginoso y el dolor, existiendo a su vez una tendencia a la mejora respecto al placebo en aquellos casos donde las dosificaciones oscilan entre los 1500 mg de sulfato de glucosamina y los 800 mg de sulfato de condroitina diarios, algo importante de tener en cuenta debido a que son suplementos con baja disponibilidad y por tanto, muy sensibles a los cambios en la dosificación.

Boswellia Serrata:

Los ácidos boswéllicos son un conjunto de moléculas activas pertenecientes a la boswellia serrata, una planta que dispone de usos medicinales en la tradición oriental. 

La boswellia serrata se ha utilizado tradicionalmente en enfermedades metabólicas, inflamatorias o intestinales, algo corroborado posteriormente debido a la presencia de uno de sus ácidos denominado 3-O-Acetyl-11-keto-beta-boswellic acid (AKBA), con poder inhibitorio sobre la lipooxigenasa-5.

En cuanto a estudios controlados aleatorizados que reportan beneficios con su uso en casos de osteoartritis, desde 2003, existe bastante literatura al respecto (Kimmatkar et al., 2003; Gupta et al., 2011), recogida en un metaanálisis de este mismo año (Wang et al., 2020).

En este sentido el uso terapéutico de este compuesto oscila los 100 a 250 mg con al menos un 30% de AKBA diarios, durante al menos 4 semanas de uso. Respecto a sus beneficios, aunque muchos de los estudios controlados aleatorizados existentes tienen lagunas en su metodología, a priori, se trataría de uno de los suplementos con mejor futuro de cara al tratamiento de dolores y degeneración articular, con mejoras sobre las escalas VAS y WOMAC de forma significativa.

Riesgo de sesgos del metaanálisis

Ilustración 2 Riesgo de sesgos del metaanálisis de Wang et al. (2020).

 

Curcumina y piperina:

El uso de la cúrcuma es uno de los mayores iconos de la medicina tradicional oriental. La Curcuma Longa es una planta a menudo utilizada como especia con propiedades interesantes de carácter antiinflamatorio, antioxidante, controladoras de la glucemia, gastroprotectivas… y un largo etcétera.

Posibles efectos beneficiosos de la cúrcuma

Ilustración 3: Posibles efectos beneficiosos de la cúrcuma (Arshad et al., 2018).

La cúrcuma actualmente es uno de los suplementos predilectos en el tratamiento de dolores de tipo inflamatorio con dosificaciones cercanas a los 500 mg diarios en forma de curcuminoides en 3 tomas o en el caso de utilizar fórmulas más solubles de 200 a 1000 mg.

Por otro lado, el uso de cúrcuma debido a su baja biodisponibilidad puede ser mejorada en gran medida mediante varias presentaciones, entre ellas el uso de pimienta negra, la cual contiene como principio activo piperina (Prasad et al., 2014) que en dosis de 20 a 30 mg diarios aumenta su biodisponibilidad de forma exponencial hasta concentraciones 20 veces superiores.

En este sentido, la piperina debe ser vigilada por su interacción con las enzimas del citocromo P450 y, por tanto, puede interferir en caso de utilizarse fármacos, llegando a tener efectos negativos sobre la salud.

Conclusiones:

  • El control de la carga de entrenamiento, los factores genéticos y ambientales son fundamentales para la salud articular.
  • La suplementación para la mejora de la salud articular tiene evidencia mixta en cuanto a resultados.
  • Los compuestos principales que mejoran la salud articular son de tipo antidegenerativo y antiinflamatorio.
  • El uso de estos compuestos es a priori seguro, no obstante, en caso de recibir alguna medicación, es conveniente contactar con su médico.
  • La aplicación de estos compuestos debe encontrarse en las dosis correctas durante un tiempo suficiente.

Bibliografía:

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