Uno de los aspectos más importantes cuando se está llevando a cabo una dieta, sea con el objetivo que sea, es mantener unos hábitos estables. Es decir, intentar llevar un horario de comidas, actividad física y sueño lo más riguroso posible, porque existen evidencias científicas que demuestran que los ritmos circadianos afectan directamente en elementos tan influyentes como el hambre.

El peor enemigo de cualquier régimen alimenticio es el exceso de apetito, que además suele aparecer en los momentos más inoportunos. Debido a ello, muchos estudios intentan desvelar las causas que hacen que se produzca este fenómeno tan molesto, y hoy vamos a intentar explicar las razones por las que, en algunas ocasiones, te despiertas por la mañana –o incluso en mitad de la noche- con una excesiva sensación de hambre.

Posibles causas

Antes de nada, hay que dejar claro que el cuerpo humano necesita recibir una cantidad mínima de calorías para quedar saciado. Por ello, la primera razón, y la más evidente, tiene que ver con no aportar al organismo el nivel de nutrientes suficiente durante el día. Obviamente, nuestro cuerpo es inteligente y nos va a pedir más comida, ya sea durante la noche o justo en el momento en que nos despertamos al día siguiente.

Si nuestro aporte calórico ha sido adecuado, existe otra deficiencia que puede influir en la sensación de hambre: la falta de sueño. La revista Sleep llevó a cabo una investigación en la que se demostró que las anomalías en los hábitos de descanso de una persona pueden desembocar en el incremento del apetito.

De estas dos posibles causas se deriva la siguiente, que tiene que ver con la práctica deportiva. Es común que afecte a personas que están iniciando su andadura en el mundo de la actividad física, ya que en los primeros momentos no es fácil ser consciente de los cambios que se están produciendo en el organismo. En resumidas cuentas, lo que ocurre es que, al introducir el deporte en la rutina, la cantidad de energía consumida es mucho mayor, por lo que es necesario aportar más calorías y descansar mejor.

Comer y dormir bien pueden ser las claves para evitar despertarte con hambre

Como ya hemos explicado previamente, tanto el déficit calórico como la falta de sueño pueden provocar que crezca nuestra sensación de apetito durante la noche o por las mañanas. Así que, si estás empezando a practicar deporte de forma regular y tienes este problema, deberías consultar con un profesional, porque es muy probable que no estés comiendo o descansando suficiente.

En caso de que tengas controladas todas estas variantes y, aun así, sigas despertándote en medio de la madrugada con una sensación de vacío en tu estómago, es posible que sufras el síndrome del hambre nocturna. La estadounidense Asociación Nacional de Desórdenes Alimenticios (NEDA) incluye este problema dentro de la categoría de Otros Desórdenes Alimenticios Específicos.

¿Cómo acabar con este problema?

Lo más común es que la causa principal sea uno de los déficits que hemos ido mencionando en el apartado anterior, así que la solución es bastante sencilla.

Trata de mejorar tus hábitos alimenticios, así como tus horas de sueño. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades establece en 7 horas el mínimo de descanso para que una persona se mantenga sana. En caso de que creas que ya estás comiendo y durmiendo suficiente, y el problema no haya desaparecido, lo más recomendable es acudir a un profesional, preferiblemente un médico. Un nutricionista también puede ayudarte, siempre y cuando se trate de un desorden de tipo alimenticio.

En definitiva, lo más importante para evitar el hambre durante la noche o al despertarte es conocer tu cuerpo al máximo. Si logras entender las señales que te manda tu organismo, podrás identificar y evitar este tipo de problemas, tanto si eres deportista como si no.

Estas son las razones por las que te despiertas con hambre
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