La autofagia es un mecanismo de supervivencia basado en el reciclaje, destinado a eliminar aquello que ya no sirve a nuestro organismo y aprovechar de sus fragmentos, de sus unidades fundamentales, aquello que todavía se puede emplear para fabricar nuevos componentes que el cuerpo utilizará para llevar a cabo distintas funciones. Autofagia significa, literalmente, comerse a uno mismo. El término procede del griego autos, uno mismo, y fagien, comerse, para comer. Lo que se ha visto es que se pueden digerir células completas que están dañadas, o células viejas. Todo esto tiene numerosos efectos beneficiosos en la salud.

El primero es el que ya estás imaginando, y es que se produce una puesta a punto del organismo; es un proceso de limpieza por el que se reducen los daños del estrés metabólico a nivel celular, se eliminan células o fragmentos dañados y se favorece la regeneración celular. Todo esto conlleva una mayor longevidad.

La autofagia tiene un efecto muy positivo en la longevidad, además de ayudar a defendernos de infecciones, ya que, por un lado, puede eliminar células infectadas y, por otro, porque la autofagia ha demostrado mejorar el sistema inmune estimulando la expresión de marcadores que indican que esas células en concreto están infectadas. De esta forma, atraen a células del sistema inmune para que las digieran.

Se ha visto que la autofagia tiene un efecto positivo en enfermedades neurodegenerativas -como es el caso del Alzheimer-, enfermedades cardíacas, enfermedades del hígado o enfermedades intestinales.

La autofagia favorece la sensibilidad a la insulina, y esto protege al páncreas del agotamiento y previene la diabetes mellitus. Además, parece ser que la autofagia podría ayuda a luchar o protegernos contra el cáncer, aunque este es un tema todavía en investigación y muy controvertido, ya que se ha visto como en algunos tipos de cáncer la autofagia ayuda en la recuperación; sin embargo, en algunos otros tipos específicos de cáncer puede hacer al tumor más resistente al tratamiento y facilitar su proliferación. Por ello, aún queda mucho que descubrir y aprender en este sentido.

Más allá de todo esto, la autofagia se está haciendo muy popular, ya que cuando es estimulada por el ayuno ha demostrado ser muy beneficiosa en dietas y en temas de control de peso. También se ha visto que mejora el rendimiento físico e intelectual y ayuda a tener un mejor estado de ánimo. Por eso la autofagia se produce realizando sistemas de dieta como el ayuno intermitente, en el cual la persona realiza la no-ingesta de alimentos por un período de tiempo que puede ir desde las 12 hasta las 16 horas, seguidas de 8 horas en las que sí se puede comer. Esto es algo que despierta mucha curiosidad: cuál es la relación entre el ayuno y la autofagia o por qué es tan beneficioso el ayuno, debido a que uno de los grandes beneficios del ayuno es este, que estimula la autofagia.

La autofagia es un sistema de supervivencia que tiene que estar muy bien calibrado, en el punto correcto. Puede haber defectos de autofagia como que no hagas nunca limpieza general o que exista un exceso de autofagia -que hagas constantemente limpieza general y tires todo podría ser perjudicial-, por lo que tiene que haber un punto de equilibrio en nuestro organismo, entre la autofagia activada y frenada. A nivel bioquímico este valor se establece en el balance, es como una báscula que oscila entre una vía metabólica llamada mTOR, que es una proteína ligada al crecimiento; y una vía llamada AMPK, proteína ligada a sistemas de alerta por escasez y necesidad de reservar energía y activar el reciclaje.

Cuando la vía mTOR está “encendida” se inhibe la autofagia, cuando mTOR está “apagada” se activa la autofagia. Cuando AMPK está “encendida” se activa la autofagia, cuando AMPK está “apagada” se inhibe la autofagia. ¿Qué activa una vía u otra? La vía mTOR se activa cuando comemos, con la ingesta, la glucosa o los niveles altos de insulina y de IGF-1.  Esto es muy importante por los aminoácidos: un exceso de proteínas en la dieta estimula la vía mTOR. La vía AMPK se estimula por la restricción calórica, el ayuno, la falta de oxígeno y la bajada de temperatura. En todas esas situaciones de estrés, de “alarma” de que estamos viviendo un momento de dificultad energética. El ejercicio físico activa o inactiva mTOR, esto es: el ejercicio físico activa mTOR en el músculo y lo apaga en las células grasas o en las células del hígado.

Hay dos factores más que pueden activar la autofagia: la vitamina D y la melatonina, lo que aporta un beneficio añadido a tomar el sol y dormir.

Ya ves que hay distintas maneras de activar la autofagia: tomar el sol, descansar y también a través de la dieta, los ya conocidos ayunos intermitentes. Aún hay mucha investigación sobre esto, no está claro todavía cuánto tiempo ha de pasar una persona en ayunas para activar la autofagia, ya que esta no es un proceso que se dispara de pronto sino que es gradual, parece que se activa cuando pasan de 12 a 16 horas de ayuno. Eso sí, hay que beber agua para hidratar bien el organismo en estos procesos de limpieza.

La autofagia es un proceso innato y natural de reciclaje que busca limpiar todo aquello que ya no sirve y aprovechar lo que todavía es útil para generar nuevos componentes de nuestro organismo. Así, potencia nuestra salud y ayuda a combatir determinadas enfermedades; es un proceso que podemos regular con nuestros hábitos de vida, dependiendo de la dieta, de la actividad física y del descanso, y por supuesto que hay que personalizar en cada uno según nuestras características y nuestra situación puntual.

Alberto González.

La autofagia
5 (100%) 1 voto