La importancia de tomarse en serio las molestias y lesiones

Hay personas que, por genética, son más fuertes que otras, pueden generar más hipertrofia muscular, presentan más vascularidad en sus músculos, o consiguen más estriaciones musculares que otras personas. Con las lesiones ocurre igual: hay personas que entrenan de manera muy intensa, levantando grandísimas cantidades de peso en sus ejercicios, y no presentan dolores articulares; mientras que otras, con el mismo peso o incluso menos peso en sus cargas, pueden llegar a romperse muscularmente o articularmente.

Bajo mi experiencia, recomiendo que, cuando sientas algún tipo de dolor o molestia, dejes de entrenar hasta que dicho dolor se haya recuperado. Si fuera necesario, irás al fisioterapeuta y, bajo su opinión y consejo, retomarás los entrenamientos cuando el dolor se haya recuperado. De no ser así y no escuchar a tu cuerpo, si sigues entrenando con dolor puede ser que no te lesiones; de hecho, hay veces que se puede entrenar con el dolor, y el cuerpo solo se recupera. Pero, por otro lado, estarás expuesto a lesionarte con más gravedad aún, y una lesión que duraría 1 mes en recuperarse ahora se convertirá en una lesión de varios meses e incluso 1 año, si la rotura es muy grande. Y todo por no parar, darle descanso al dolor y dejar que se recupere.

El lesionarse no siempre va acompañado de que hayas hecho un entrenamiento muy intenso con una carga muy elevada, también es un aviso que te da el cuerpo para que descanses o entrenes de forma más ligera, ya que se encuentra en un estrés muy grande. Ante ese estrés, el cuerpo reacciona rompiéndose por algún lado y haciéndote parar de manera directa, si tú no lo haces. Es una manera de decirte que el cuerpo necesita un descanso y, o paras tú mismo o te para él, provocándote una lesión. Es cierto que hay que entrenar con intensidad y que, cuando lo hacemos, estamos con un nivel de agotamiento muy alto, pero el agotamiento se recupera con una alimentación hipercalórica y las horas necesarias de sueño. Sin embargo, si algo te está produciendo dolor, puede ser porque tu cuerpo se ha saturado de tanto volumen de entrenamiento, o porque no estás realizando algunos ejercicios correctamente, por desequilibrios musculares o zonas que estén más débiles o descompensadas.

Un error muy común que cometen las personas que sienten dolor es tomar un analgésico o un antiinflamatorio para enmascarar el dolor. Esto es un error, y muy grande, porque lo que hace es anestesiarte la zona del dolor, pero estás provocando que se agrave más la situación y haya daños mayores.

La paciencia y la progresividad, claves en la recuperación

Una vez que se haya producido la lesión, y dependiendo del tiempo y tipo de lesión, lo primero que se debe hacer es visitar al fisioterapeuta, y él valorará si aplicar calor, frío, vendajes para inmovilizar la zona o realizar ejercicios y/o estiramientos para acelerar la recuperación. El fisioterapeuta, por lo general, siempre suele mandar reposo, pero dependiendo del tipo de lesión, puede que te haga ir al gimnasio, no a entrenar, sino a trabajar la zona dolorida de manera suave para mejorar su recuperación.

Una vez te hayas recuperado de la lesión, debes de retomar el entrenamiento de forma progresiva, no debes empezar a levantar la máxima carga que usabas antes, no solo por precaución, sino porque el músculo debe adaptarse progresivamente a aumento de la carga, y esto hará que tanto el músculo como la articulación se hagan más fuertes.

Se ha podido comprobar cómo competidores de powerlifting, durante uno de sus levantamientos, se han desgarrado por varios centímetros el músculo implicado, han parado, se han recuperado el tiempo necesario, y han vuelto a levantar la misma carga pesada que les provocó la lesión. Todo esto siempre que la lesión se haya recuperado por completo, pero suele ser un proceso muy largo de varios meses.

Cómo prevenir o afrontar una lesión muscular o articular
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